lunes, 8 de marzo de 2010

El secreto de sus despojos

No vi “El secreto de sus ojos”, no vi casi ninguna de las pelis que competían en los Oscars, no me enorgullece ni avergüenza. Pero el fenómeno de exaltación de tales premios no hace más que generarme rechazo.

A riesgo de parecer Chávez o Pino Solanas, diré que veo estos premios –como mucho del cine estadounidense– como uno de los mayores emblemas del imperio. Y como somos sus súbditos, me da bronca la sumisión inconciente a ese sistema de valores, a esos códigos, tan poco nuestros por un lado, y ya tan tristemente nuestros por otro.

Para que un ejercicio de poder se sustente, dicen algunos estudiosos, se necesitan dos partes, una que ejerza el poder y una que lo soporte. Hegel, al analizar la historia desde la relación amo-esclavo (a nivel social, como “clases”), decía algo con lo que no estoy del todo de acuerdo pero sí en parte: ambos, amo y esclavo, son quienes sostienen esa relación de poder, para que el amo sea amo el esclavo tiene que aceptarlo como tal e incluso defenderlo. Y el ejemplo es mío (aclaración lejos del orgullo, sino para excusar a Hegel por las dudas): para que el pobre sea pobre, tiene que aceptar que el dinero –del que carece– mueve el mundo, y tiene que estar dispuesto a trabajar por ese dinero, y si no estuviera dispuesto, y ningún pobre lo estuviera (lo que implicaría conciencia de clase), los ricos dejarían de serlo porque el dinero carecería de valor para someter. Pero dije que estaba de acuerdo con Hegel solo en parte, ya que aunque coincido con esto, creo que tampoco es del todo así solamente, ya que el sometimiento existe y es muy difícil salir de ello incluso con mucha voluntad. Y aquí me vuelvo un poco marxista al opinar que, ante todo, la dominación material es la que manda. Y cuando tenés que comer, y tus hijos tienen que comer, por más que te quieras hacer el guapo, la opción es ser sumiso a la propiedad privada, o bien cometer el acto básico de libertad, el llamado robo, y asumir las consecuencias que impone la sociedad que, en muchos casos, suelen ser peores que ser un esclavo más.

Todo lo anterior, que igual es necesario aclarar, corresponde en gran parte a un análisis económico, o social pero con bases en lo económico, que no es que no me interese, pero ya está harto discutido y no es el espíritu de este texto. Intento referirme a algo cultural, en evidente relación con lo político, económico y social, pero con sus particularidades. Decía, entonces, que al ejercicio del poder desde lo espiritual/material hay que agregarle el sometimiento cultural, y si de cultura hablamos, sabemos que el lenguaje es lo que permite su existencia.

El primer modo de aprehensión del mundo por parte del hombre es el lenguaje, es lo que nos distingue del resto de los animales, es lo que nos permite crear cultura, nos posibilita la abstracción, crear conceptos, y por ende construir nuestro contexto. Pero si el lenguaje habilita, también estructura el pensamiento: una vez que uno adquirió ese lenguaje, a partir de allí, usará ese lenguaje para intentar comprender el mundo, y fuera de él será imposible pensar. El cerebro está entonces modelado e intenta adaptar todo a ese lenguaje. Así, la lengua natural (el idioma), dice Lotman, es el primer sistema cultural mediador entre el individuo y su contexto. Y ya sobre ese sistema se construyen otros, como los lenguajes artísticos, que funcionan como sistemas de modelización secundaria. Es decir, entonces, que también modifican las estructuras de la percepción.

Así es que al imperio, para ejercer su dominación, no le alcanza con el sometimiento económico, sino que la cultura en general es importante para mantener el poder. Desde un punto de vista analítico entendemos la economía y otros aspectos culturales como elementos diversos, pero es importante aclarar que funcionan como un todo interdependiente y que en sí están interrelacionados. Así, al ejercerse el dominio económico, viene como corolario una expansión del lenguaje: las empresas estadounidenses ponen sedes en distintos países y se hacen necesarios empleados que manejen el idioma de la casa central, los conocimientos científicos y tecnológicos avanzan de la mano de la economía en el idioma que los financia y para acercarse a ellos hacen falta científicos y usuarios que hablen el idioma o bien traductores, y los productos de consumo con nombres o instrucciones de uso en el idioma del imperio terminan por hacer el resto del trabajo.

Está entonces en marcha la dominación del primer sistema de modelización del pensamiento y la cultura: el idioma inglés se va metiendo de a poco dentro de los demás idiomas y sus culturas (se dice que “Ok” y “Coca-Cola” son las dos palabras más usadas en el mundo, y resulta creíble más allá de que sea cierto o no). Y con el idioma, claramente, como decía antes, la percepción del mundo, las costumbres, la forma de ser, todo lo que hace a la cultura va mutando. Basta con analizar cómo han cambiado radicalmente las costumbres y la vida diaria de principios del siglo XX a esta parte. Y si de ese siglo hablamos, está claro que fue el siglo en que se impuso el imperio yanqui. El sistema económico impuso el consumismo, que influye determinantemente en nuestro modo de alimentarnos, nuestro modo de entretenernos, nuestro modo de relacionarnos, nuestro modo de pensar, es decir, al fin y al cabo, toda nuestra cultura.

Pero si hay algo que influye fuertemente en la difusión de una cultura es la imagen. Sin meterme en temas biológicos o antropológicos profundos que desconozco, está claro que, al menos por tradición en nuestra sociedad, la imagen es uno de los elementos más fuertes de comunicación, es decir, de interconectar mentes. Ya desde hace siglos la Iglesia Católica utiliza imágenes para difundir su credo. Hay algo en la imagen que la hace conectarse con algo bien básico y natural en el ser humano. Si bien la lectura de imágenes es también –como un idioma– un conocimiento en parte adquirido y no natural, lo cierto es que se percibe mucho más como natural. Creo que habrá mucha más gente conciente de que habla un lenguaje natural (idioma, sistema arbitrario de fonemas, signos, etc.) que gente conciente de que maneja un “lenguaje visual”, con codificaciones muy precisas y que son tomadas como tan naturales que muchas veces son inconcientes.

El siglo XX, decía, fue el siglo que más cambios vio en el mundo del hombre. El poder militar permitió el poder político y económico, que permitió el poder tecnológico, que permitió el poder cultural a nivel mundial. Dentro de la tecnología y cultura desarrollada en el siglo XX cobra preeminencia el lugar de la imagen. Ya desde el siglo XIX la fotografía había generado un cambio sobre todo en la concepción del arte y de la realidad. La cultura empezó a cambiar a raíz de este invento en un contexto de industrialización que lo acompañaba, la repetición y la serialidad de la era industrial veían en la fotografía un dispositivo perfecto. El fin del siglo trajo con el cine la técnica de captura del movimiento que no hizo más que llevar al límite el cambio de las nociones de realidad y arte, entre otras. Y tras algunos años de pruebas, inventos e intentos poco sistemáticos, la cinematografía estadounidense se constituyó como hegemónica e indiscutida a nivel mundial. Hubieron y hay siempre otras corrientes y formas de concebir y hacer el cine, pero su influencia es mínima al lado del sistema yanqui y su predominio mundial, basado en el sistema industrial y económico, pero con consecuencias ineludibles desde el punto de vista cultural. Así, entonces, el sistema de modelización secundaria, el artístico, en el caso del cine (y los medios audiovisuales en general), hace que nuestra visión del mundo sea teñida por él. Vemos más historias con idiosincrasia yanqui que propia, con sus temas y sus tiempos. Nuestro sentido del humor va cambiando, los jóvenes nos reímos de “gags” yanquis de series con las que crecimos. Y muchas otras cosas que no por menos obvias son menos influyentes.

El siglo XX fue el crecimiento del imperialismo yanqui y el crecimiento del cine y lo audiovisual en general. ¿Casualidad? Estas cuestiones, básicamente la retroalimentación entre el imperialismo económico y el cultural, que se ayudan y complementan mutuamente para sostener el sometimiento, me parecen de gran interés, para estudiar particularmente la influencia del cine y todo el sistema de la imagen audiovisual. Este texto es solo un esbozo de algo que quizás algún día me dedique a ampliar, ya con más seriedad, más dedicación, y con carácter científico. Pero por ahora y en este caso, puedo darme el lujo de opinar.

Así es como toda esta vuelta me lleva a pensar que ponerse contento porque un producto argentino sea valorado por el sistema de Hollywood, es como una persona que se pone contenta con la aprobación de su padre. Desde el punto de vista de los realizadores, siempre está bueno que las cosas que uno hace sean valoradas. Desde el punto de vista de los espectadores que la apoyan, siempre está bueno que algo que a uno le gustó sea también del gusto de otros. Desde el punto de vista de los argentinos, siempre está bueno que un producto de la industria nacional sea valorado. A mí también me gusta que mi papá apoye lo que hago. Pero creo que a veces, y no digo en todos sino solo en algunos, cada uno sabrá de quién hablo, hay una exageración de eso. Que mi papá no apoye algo que hago no desmerece mi acto, mientras yo sepa qué estoy haciendo y esté conforme con ello. Pero creo que mientras le demos tanto valor a la palabra paterna, siempre vamos a estar sometidos. Y ahí vuelve lo de Hegel, y en los que hacemos cultura hay más decisión que en el pobre esclavo: mientras aceptemos al amo como amo y a nosotros como esclavos, vamos a seguir siendo parte de un sistema que, cuanto menos, se ríe de nosotros.

Ojo, no me hago el piola, yo también soy súbdito y lo acepto, aunque a veces con algo de auto bronca, pero acepto que lo soy. Pero me gusta analizar y criticar, y creo que así podemos ser un poco más libres. Y para cerrar y demostrar sin vergüenza mi contradicción, los dejo con una frase de Homero Simpson: “Para mentir hacen falta dos, uno que mienta y otro que crea”.

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