Me voy a morir. Sí, me voy a morir, y no es trágico. ¿Cuándo me enteré? Hace mucho, pero nunca lo dije, no sé por qué. ¿Que cuándo? No tengo idea. ¿Cómo? Menos. Pero me voy a morir.
¿En qué cabeza de un joven sano de 23 años entra la idea de pensar en su propia muerte? En la mía, evidentemente. ¿Sano? No sé, supongo que sí.
Muchas veces me pregunto por qué tanto mambo con la muerte, por qué tanto miedo, tanta tristeza. Por egoísmo, desde luego. Nuestros seres queridos que mueren, desaparecen. Queda solo su recuerdo, su recuerdo no vive, su recuerdo es abiótico, no vive ni siente. Está, "vivo", sí, entre nosotros. Pero sin nosotros no existe. Así las cosas, lo que nos pone triste de la muerte es que no podremos disfrutar más de quien muere. Ahí está nuestro egoismo.
¿Qué siente el que muere cuando muere? No siente nada. Desaparece (en el sentido menos macabro de la palabra). Entonces, ¿por qué preocuparme por algo que me va a pasar si cuando me pase no me enteraré? Y, sin embargo, me preocupa la idea de morirme. Porque me gusta estar vivo, porque hay tanto que quiero hacer que me pone triste saber que nunca podré hacerlo todo.
Entonces, si no puedo hacerlo todo, ¿por qué pretenderlo? Más vale resignarse a que la vida es finita, a que el tiempo que uno tiene para disfrutarla es finito. Más vale resignarse a morir.
Pero en la tristeza que esto puede parecer traer aparejada hay en realidad una alegría. La alegría de saber que la vida es nuestra, que la tenemos con nosotros desde el día que nacemos hasta el día que morimos. Según entiendo, por siempre. Siempre estamos vivos, porque antes no existimos y después tampoco.
Si tan contento estoy, ¿qué me preocupa? Acá va: me preocupa desperdiciar la hermosa posesión que es la propia vida, el propio tiempo que uno vive, que es poco para las almas que queremos hacerlo todo. Lo que más me preocupa, siempre, es perder el tiempo, perder la vida. Cada día que no sea feliz es un desperdicio. Cada hora, cada día, cada minuto que yo viva.
Y, sin embargo, la felicidad solo es posible en tanto existe la infelicidad. Solo podemos percibir la luz si hay también oscuridad. Entonces, ¿qué es esto de pretender disfrutar la vida todo el tiempo? ¿Acaso soy un tarado que no se da cuenta que la vida es así? Sin embargo, cada vez que estoy triste trato de obligarme a no estarlo, de pensar en el universo, en la paz cósmica, en que todo está ahí para que lo disfrute, por un tiempo determinado, hasta donde me de el cuerpo que soy/tengo.
A veces siento que soy un pelotudo. Claramente, merezco la muerte que vendrá.
(Texto publicado en Facebook el 8 de Octubre de 2009)
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
"La muerte me desgasta incesante" decía Borges...
ResponderEliminarEl tema de la muerte me fascina,desde que tome conciencia de ella, hace mucho, tanto que no me acuerdo, creo que fue cuando me di cuenta que si estaba viva. Hubo un tiempo que dude de estar viva, pensaba que era la muñequita de alguien, si yo jugaba con mis muñecos y ellos tenían vida ¿por qué yo no podía ser una muñeca? En fin...Lo que decís de los seres queridos muertos es así, puro egoísmo, no nos resignamos a su perdida.
Cuando era joven (más joven) era depresiva, la vida es una mierda, pensaba todo el tiempo. Pero me di cuenta que si no vivo me quedo en la nada,hasta sin putear a la vida, me quedo sin libros y sin estrellas, sin nada. Mejor vivir, y si, tratar de ser feliz...
La vida es hermosa!!! La vida merece ser vivida,y la muerte merece ser morida...
Un beso,
Ana