Primero que nada, debo aclarar al lector desprevenido que, si bien soy estudiante universitario y tengo cierta formación académica, teórica, o como se le quiera llamar, lo que digo no está autorizado por nada ni nadie y probablemente no son más que patrañas. Pero son mis patrañas, y por eso las quiero, valoro y publico.
Crecí en un racionalismo absoluto, un poco porque es el valor de cambio impuesto por nuestra sociedad en general, otro poco porque es el valor de mis padres en particular.
Una de las cosas más divertidas de crecer, cuando uno llega a cierta edad en la que puede pensar más lúcidamente, es usar la lógica. Así, en mi temprana adolescencia me dedicaba a probarme a mí mismo y a los demás esa capacidad. Por supuesto, me convertí en el típico refutador de leyendas. Parte esencial de esa tarea es criticar a la religión, en nuestra sociedad particularmente a la católica.
Me divertía diciendo lo típico y en lo que no voy a perder tiempo en ahondar. Pero básicamente el argumento era que la religión no se basaba en nada concreto, que era todo invención pura de la mente humana. Creer en algo cuyas “evidencias” no tenemos, eso era la fe para mí. En cambio la ciencia, decía, está basada en lo empírico, por tanto mucho más real, concreta, de verdad.
El tiempo pasó, pasaron infinitas cosas en mi vida, y mi mente cambió. De algún modo mi forma de ver la fe no cambió. Sigo creyendo que es eso. Pero cuando antes la relacionaba solo con la religión, hoy veo que en realidad la fe es la única forma de conocimiento posible.
De algún modo, pienso hoy, tener fe es dejar de preguntar. Es aceptar las cosas como son (como a uno le dicen que son) y hasta donde uno las conoce. Uno nunca puede saber todo, uno confía, tiene fe en la ciencia, en que en algún lugar del mundo hay tipos especializados en física, química, matemática, esas cosas, que fueron y son autorizados por un sistema de otros tipos e instituciones que saben tanto como ellos, y que todos acuerdan la veracidad de lo que descubren o afirman. Pero en el fondo, estoy seguro, hay cosas que esos tipos no saben. Lo único que hacen es crear sistemas –limitados, con las características que les provee su sociedad– que respondan a los experimentos o pruebas de que disponen. Toda verdad, así, es provisoria, hasta que se demuestre su falsedad o incompletitud. Eso sin contar que quienes las formulan son seres humanos potencialmente tan mentirosos o falibles como muchos otros, ellos y quienes a ellos los avalan. Y aún en el mejor caso, como dije, siempre hay un momento en que ellos dejan de saber o poder explicar el mundo.
De este modo, es lo mismo que antes. Para la mayoría de los hombres y mujeres de esta sociedad, las cosas siguen funcionando igual. Hay unos pocos que dicen tener la verdad (antes los clérigos, hoy los científicos). El resto, la amplísima mayoría, no hacemos más que creer que tienen la verdad, que les ha sido revelada (antes por las sagradas escrituras o algo así, hoy por las evidencias empíricas). Pero es lo mismo. La ciencia es tan válida como la religión. En el fondo de las cosas, todo conocimiento es una forma de fe, de nombrar lo innombrable. La conexión entre aquello que percibimos y el nombre o explicación que le damos, esa relación es la fe. Siempre tan arbitraria e ideológica como todo signo. La forma de tapar eso que nos aterra, lo desconocido, en última instancia, todo lo que nos rodea.
(Texto publicado en Facebook el 1 de Febrero de 2010)
sábado, 6 de marzo de 2010
¿Qué es la fe?
Etiquetas:
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