miércoles, 10 de octubre de 2012
Comer solo
Comer solo es una de las cosas más tristes que le pueden pasar a un ser humano. Por suerte Dios para él inventó la televisión, que es la tristeza pero más distraídos.
Ubuntu
Me cansa un poco eso de la personalidad. Y diría, del individuo. Me siento loco al decirlo, pues es casi una de esas cuestiones básicas de nuestra sociedad. Pero me aburre eso. Me aburre eso de que juzgo al otro y el otro me juzga. De que me vendo en un CV o perfil de Facebook, y compro. De que hay que ser independiente. ¡Minga! Yo quiero ser dependiente. Yo soy dependiente, quiera o no. Yo dependo de toda esa gente que me rodea, los que me rodearon, y los que me rodearán, y a quienes rodeo. Yo soy en el otro.
Decisiones
Desde chiquito me dijeron que está bueno tomar decisiones, hacerse cargo de la vida de uno, pensar en el futuro, planificar. Con el tiempo creo que fui entendiendo esto más a mi modo, lo cual es, paradójicamente, hacerle caso a esa misma premisa, la de hacerse cargo de la vida de uno.
Desde pequeños las decisiones nos son vedadas. Al menos las decisiones "trascendentales". Podemos decidir más o menos a qué jugar, pero generalmente no podemos decidir cuándo jugar y cuando hacer los deberes (bañarse, lavarse los dientes, hacer la tarea de la escuela). Tomamos decisiones en el marco de contextos preestablecidos. Está bien, así es el mundo, también de grandes. Nos movemos en contextos que está bueno entender para vivir del mejor modo posible. Sin embargo, creo que hay contextos que uno puede romper.
A veces las decisiones no son tan decisiones. A veces no decido muy bien hacia dónde caminar, sino qué autopista tomar. Pero la autopista ya está construida para uno, y uno solo decide si tomarla o no, y hay varios destinos a los que lleva y destinos a los que nunca llevará (y de cuya existencia ni sabremos). Hay casos peores, los de las cintas transportadoras en las que uno se sube y se deja llevar. Pero en el otro extremo están el agua y el aire, con destinos infinitos para navegar y volar, donde el camino solo se puede identificar una vez que ha sido recorrido y queda la estela.
Siempre vivimos en burbujas, pero me gusta ir intentando explotarlas una a una.
Desde pequeños las decisiones nos son vedadas. Al menos las decisiones "trascendentales". Podemos decidir más o menos a qué jugar, pero generalmente no podemos decidir cuándo jugar y cuando hacer los deberes (bañarse, lavarse los dientes, hacer la tarea de la escuela). Tomamos decisiones en el marco de contextos preestablecidos. Está bien, así es el mundo, también de grandes. Nos movemos en contextos que está bueno entender para vivir del mejor modo posible. Sin embargo, creo que hay contextos que uno puede romper.
A veces las decisiones no son tan decisiones. A veces no decido muy bien hacia dónde caminar, sino qué autopista tomar. Pero la autopista ya está construida para uno, y uno solo decide si tomarla o no, y hay varios destinos a los que lleva y destinos a los que nunca llevará (y de cuya existencia ni sabremos). Hay casos peores, los de las cintas transportadoras en las que uno se sube y se deja llevar. Pero en el otro extremo están el agua y el aire, con destinos infinitos para navegar y volar, donde el camino solo se puede identificar una vez que ha sido recorrido y queda la estela.
Siempre vivimos en burbujas, pero me gusta ir intentando explotarlas una a una.
miércoles, 4 de abril de 2012
Entre el caos y el orden (espacio). Entre el azar y la planificación (tiempo).
En general, muchas de las cosas que suceden en esta vida las organizamos en nuestra mente a partir de identificarlas con uno u otro punto extremo, o con cierta mezcla entre ellos. En este sentido, una de las polaridades a tener en cuenta podría ser a partir de cómo se relaciona uno, como sujeto, frente a ese entorno. En relación a uno, entonces, las cosas pueden ser, digamos, en extremos:
- conocidas o desconocidas
- controlables o incontrolables
- predecibles o impredecibles
y una larga lista de etcéteras en términos dicotómicos. Y aquí introduciría las ideas del caos y el orden, o del azar y la planificación.
Al pensar mi vida, ya sea cuando me lo propongo o cuando me cuelgo involuntariamente en ello, no dejo de preguntarme en qué medida accionar sobre las cosas y en qué medida dejar que las cosas sucedan.
Conozco las bondades del orden y la planificación, pues son aquellos valores centrales que me han transmitido desde pequeño mi familia y mi sociedad en general. Entiendo hacia dónde va, en qué consiste, pues de eso se trata lo razonable, digamos, de conocer, de controlar, de predecir. Pero en lo que hace al caos y al azar, justamente, y diría que casi por definición y de modo inevitable, me desconciertan. Se trata de algo desconocido, incontrolable, impredecible. Uno ya no puede sino creer, confiar, tener fe.
Hay una cierta tendencia, si no en el ser humano, al menos en el ser humano en mi contexto social, o incluso al menos en mí mismo, a echar luz sobre las cosas a partir de pensarlas, de razonarlas, de evitar la oscuridad con que metafóricamente se designa a lo desconocido, asociándolo a lo peligroso, pues, claro, oscuridad es peligro para una especie que ya ha perdido tanto el instinto que sin luz y razón sería presa fácil en “estado de naturaleza”. Tenemos, o al menos tengo, una tendencia a iluminar la oscuridad, a ver qué hay, a saber por dónde camino, dónde estoy, quiénes más están, etcétera.
Sin embargo, si trato de ampliar mi mente y salir fuera de mi propia concepción (como otro acto de echar luz sobre todo), advierto que la mayor parte de los seres de este mundo se manejan de un modo distinto, ya sea personas o culturas con mayor presencia de la fe que de la razón, o incluso digamos todo el resto del reino animal, o ni que hablar del vegetal, que vive incluso sin saber ni importarle si lo hace o no. Por lo tanto, está claro, al iluminar por fuera de uno, que la mayor parte del entorno vive en esa llamada oscuridad, vive sin conocer ciertas cosas, por lo tanto entendemos, en primera instancia, al menos, que no es imprescindible conocer, controlar y predecir para poder vivir.
No sé cómo seguir el texto. Mi razón llega hasta ciertos límites. Un primer párrafo introduciendo el tema (la polarización del entorno en la mente del sujeto), un segundo párrafo planteando la duda que sustenta el texto (hasta dónde ordenar y planificar, hasta dónde dar espacio al caos y el azar), un tercer párrafo definiendo cuestiones centrales (cómo vivo ese orden-planificación y ese caos-azar), un cuarto párrafo definiendo otras cuestiones centrales (el sujeto y su tendencia al orden), un quinto párrafo construido a partir de las cuestiones planteadas antes, ampliándolas (el sujeto ordenador y sus miradas a otras actitudes posibles), y un sexto párrafo que repasa y clarifica todo lo dicho hasta aquí, a modo de conclusión (este párrafo, que se vuelca sobre el propio texto y pretende cerrarlo, con un moñito).
Pero sería hipócrita dejarlo ahí. Aunque tampoco resulta razonable seguirlo. Ya dije todo lo que tenía para decir. Mentira. Dije todo lo razonable que tenía para decir. Pero hay algo que siempre queda afuera. Escribo este párrafo de modo menos metódico, menos planificado, pero igualmente al escribirlo se convierte en algo más o menos racional, porque llena de luz, de palabras, aquello que no está dicho, aquello que queda (quedaba) del lado de lo desconocido, aquello que tanto angustia pero que es nuestra posibilidad de vivir, pues la única oportunidad de conocer, de seguir conociendo, de seguir iluminando, es que haya oscuridad. Porque esa oscuridad es lo que no somos, son los deseos insatisfechos, son el futuro, son los demás seres, son lo que no controlamos, y que no sabemos siquiera si podemos o incluso si queremos controlarlo. A priori, puede que sí, y por eso hacia allí vamos. Pero quizás lo mejor sea ir porque sí, porque hay algo, aunque no sepamos qué, que nos pide que vayamos, que nos llama, como me llamó escribir este párrafo “sin sentido”, como incluso me llamó escribir este texto (y hacer lo posible para que llegue hasta alguien que lo lea), porque es seguro que algo concreto y predecible quería con este texto, pero también es seguro (o inseguro, pero es) que hay algo que quería aunque ahora no sé qué y tal vez no lo sepa nunca.
- conocidas o desconocidas
- controlables o incontrolables
- predecibles o impredecibles
y una larga lista de etcéteras en términos dicotómicos. Y aquí introduciría las ideas del caos y el orden, o del azar y la planificación.
Al pensar mi vida, ya sea cuando me lo propongo o cuando me cuelgo involuntariamente en ello, no dejo de preguntarme en qué medida accionar sobre las cosas y en qué medida dejar que las cosas sucedan.
Conozco las bondades del orden y la planificación, pues son aquellos valores centrales que me han transmitido desde pequeño mi familia y mi sociedad en general. Entiendo hacia dónde va, en qué consiste, pues de eso se trata lo razonable, digamos, de conocer, de controlar, de predecir. Pero en lo que hace al caos y al azar, justamente, y diría que casi por definición y de modo inevitable, me desconciertan. Se trata de algo desconocido, incontrolable, impredecible. Uno ya no puede sino creer, confiar, tener fe.
Hay una cierta tendencia, si no en el ser humano, al menos en el ser humano en mi contexto social, o incluso al menos en mí mismo, a echar luz sobre las cosas a partir de pensarlas, de razonarlas, de evitar la oscuridad con que metafóricamente se designa a lo desconocido, asociándolo a lo peligroso, pues, claro, oscuridad es peligro para una especie que ya ha perdido tanto el instinto que sin luz y razón sería presa fácil en “estado de naturaleza”. Tenemos, o al menos tengo, una tendencia a iluminar la oscuridad, a ver qué hay, a saber por dónde camino, dónde estoy, quiénes más están, etcétera.
Sin embargo, si trato de ampliar mi mente y salir fuera de mi propia concepción (como otro acto de echar luz sobre todo), advierto que la mayor parte de los seres de este mundo se manejan de un modo distinto, ya sea personas o culturas con mayor presencia de la fe que de la razón, o incluso digamos todo el resto del reino animal, o ni que hablar del vegetal, que vive incluso sin saber ni importarle si lo hace o no. Por lo tanto, está claro, al iluminar por fuera de uno, que la mayor parte del entorno vive en esa llamada oscuridad, vive sin conocer ciertas cosas, por lo tanto entendemos, en primera instancia, al menos, que no es imprescindible conocer, controlar y predecir para poder vivir.
No sé cómo seguir el texto. Mi razón llega hasta ciertos límites. Un primer párrafo introduciendo el tema (la polarización del entorno en la mente del sujeto), un segundo párrafo planteando la duda que sustenta el texto (hasta dónde ordenar y planificar, hasta dónde dar espacio al caos y el azar), un tercer párrafo definiendo cuestiones centrales (cómo vivo ese orden-planificación y ese caos-azar), un cuarto párrafo definiendo otras cuestiones centrales (el sujeto y su tendencia al orden), un quinto párrafo construido a partir de las cuestiones planteadas antes, ampliándolas (el sujeto ordenador y sus miradas a otras actitudes posibles), y un sexto párrafo que repasa y clarifica todo lo dicho hasta aquí, a modo de conclusión (este párrafo, que se vuelca sobre el propio texto y pretende cerrarlo, con un moñito).
Pero sería hipócrita dejarlo ahí. Aunque tampoco resulta razonable seguirlo. Ya dije todo lo que tenía para decir. Mentira. Dije todo lo razonable que tenía para decir. Pero hay algo que siempre queda afuera. Escribo este párrafo de modo menos metódico, menos planificado, pero igualmente al escribirlo se convierte en algo más o menos racional, porque llena de luz, de palabras, aquello que no está dicho, aquello que queda (quedaba) del lado de lo desconocido, aquello que tanto angustia pero que es nuestra posibilidad de vivir, pues la única oportunidad de conocer, de seguir conociendo, de seguir iluminando, es que haya oscuridad. Porque esa oscuridad es lo que no somos, son los deseos insatisfechos, son el futuro, son los demás seres, son lo que no controlamos, y que no sabemos siquiera si podemos o incluso si queremos controlarlo. A priori, puede que sí, y por eso hacia allí vamos. Pero quizás lo mejor sea ir porque sí, porque hay algo, aunque no sepamos qué, que nos pide que vayamos, que nos llama, como me llamó escribir este párrafo “sin sentido”, como incluso me llamó escribir este texto (y hacer lo posible para que llegue hasta alguien que lo lea), porque es seguro que algo concreto y predecible quería con este texto, pero también es seguro (o inseguro, pero es) que hay algo que quería aunque ahora no sé qué y tal vez no lo sepa nunca.
lunes, 2 de abril de 2012
2 de abril, aniversario de la Guerra de Malvinas
"Héroes de Malvinas", "Gesta de Malvinas", "Dieron su vida por la Patria".
¿Por qué todavía hoy usamos frases de milicos?
No son héroes de guerra, porque no hay nada admirable en llevar adelante una guerra.
No se trató de una gesta, pues no hay ninguna hazaña en ocupar militarmente un territorio.
No dieron sus vidas por la patria, sus vidas fueron tomadas por los militares.
Si son héroes, no es por su calidad de soldados, sino como seres humanos, en aquellos casos en que su entereza para afrontar la situación que les tocó resultó y resulta aún hoy admirable.
Recordemos hoy y siempre a las víctimas de la guerra de Malvinas, sean argentinos o ingleses, porque nadie merece morir o ir a una guerra.
jueves, 22 de marzo de 2012
Cambios
Primer año lectivo que me encuentra yendo a la facu solamente como docente, ya no como estudiante. Son los mismos espacios, es la misma gente, pero hay una vivencia distinta. En una repentina emoción sin mucho sentido, me sentí fuera de lugar durmiendo una siesta en el pantano al sol. Pensé que no se ve allí a muchos docentes, o en todo caso quienes están son como yo, "docentes con pinta de estudiantes", por su corta edad. Reconocí, entonces, que seguramente en unos años, aunque tenga el placer de poder seguir siendo docente en la FADU, probablemente ya no pasaría tardecitas bajo el sol pantanero. Y en un acto de extrema extrapolación, pensé: cuántas de las cosas, sencillas o no, que hoy me hacen feliz, algún día estarán simplemente en un pasado, sea éste mítico u olvidado totalmente.
jueves, 9 de febrero de 2012
Jugando al poeta
Suelo escribir siempre en prosa, no sé por qué, me sale así. Será que la mayor parte de las cosas que leí fueron escritas así, y entonces naturalmente me sale de este modo. Sin embargo, en esta ocasión tengo ganas de hacer un juego distinto, a ver qué pasa. Pero como no me animo, como es mi primer partido jugando el juego, entonces lo enmarco con una introducción en prosa, por las dudas, no sea cosa que no pegue con el resto de mi producción.
El control remoto de la tele nueva
sobre la mesa de toda la vida
viendo un documental del Che
pensando en algo que hacer.
No, bueno, a ver, Andrecito querido, estás escribiendo masomenos igual que en prosa pero cortando los renglones. Creo que la onda va más por el lugar de que las cosas no sean tan directas. Es cierto, lo que pusiste no es ya tan conceptual y abstracto, lo estás llevando a un plano si se quiere menos intelectual, pero igual sigue siendo concreto desde el punto de vista descriptivo. A ver, seguí jugando, algo bueno tiene que salir.
El horizonte está en mi casa
que aunque tiene medianeras
es mi jardín de la infancia
una casa sin fronteras.
Va queriendo... pero no sé, no me convence del todo. ¿Será que parece todo muy pretencioso? Es que hay algo de pretencioso en la poesía, muchas veces. Pero también hay autores, los de verdad, que lo hacen parecer tan simple. O quizás va por el lado de dejar que las palabras fluyan sin pensar mucho en su significado, confiando en que por algo las palabras que fluyen son esas y no otras.
Siempre amé a mis pajaritos
como amo al mouse de la compu
mis profesores de siempre
y los que aún no conozco.
Ahí está, esa me parece más humilde, no sé. La escribiste así sin más, casi como quien no quiere la cosa. Se te ocurrieron correcciones que no le hiciste, por ser fiel al juego. Bueno, por ahora estamos. En otro momento volvemos a jugar a ver qué sale.
El control remoto de la tele nueva
sobre la mesa de toda la vida
viendo un documental del Che
pensando en algo que hacer.
No, bueno, a ver, Andrecito querido, estás escribiendo masomenos igual que en prosa pero cortando los renglones. Creo que la onda va más por el lugar de que las cosas no sean tan directas. Es cierto, lo que pusiste no es ya tan conceptual y abstracto, lo estás llevando a un plano si se quiere menos intelectual, pero igual sigue siendo concreto desde el punto de vista descriptivo. A ver, seguí jugando, algo bueno tiene que salir.
El horizonte está en mi casa
que aunque tiene medianeras
es mi jardín de la infancia
una casa sin fronteras.
Va queriendo... pero no sé, no me convence del todo. ¿Será que parece todo muy pretencioso? Es que hay algo de pretencioso en la poesía, muchas veces. Pero también hay autores, los de verdad, que lo hacen parecer tan simple. O quizás va por el lado de dejar que las palabras fluyan sin pensar mucho en su significado, confiando en que por algo las palabras que fluyen son esas y no otras.
Siempre amé a mis pajaritos
como amo al mouse de la compu
mis profesores de siempre
y los que aún no conozco.
Ahí está, esa me parece más humilde, no sé. La escribiste así sin más, casi como quien no quiere la cosa. Se te ocurrieron correcciones que no le hiciste, por ser fiel al juego. Bueno, por ahora estamos. En otro momento volvemos a jugar a ver qué sale.
Cultura general, las pelotas
Uno que es un tipo de clase media, y se mueve mayormente en ambientes de clase media, se encuentra a menudo con gente que pregona la virtud de una cierta cultura general que en realidad sería algo así como una cultura de la clase media, promovida por la parte más careta de la clase media, que llama "general" a lo que en realidad es propio, en fin, un importante egocentrismo de clase. Así las cosas, a menudo mucha gente es livianamente etiquetada como "culta" o "inculta" (cuando no "inteligente" o "estúpida") en base a esos parámetros.
Como si el esquema no se cayera solo, en los albores del siglo XXI (e incluso ya pasó más de un 10% del mismo) resulta aún más boba esta consideración. ¿Qué sentido tiene saber dónde queda Zanzíbar o en dónde nació Freddie Mercury si estos datos pueden ser conseguidos en segundos desde cualquier terminal con internet? (recuerden que hablamos de clase media). Pues bien, está claro que la llamada "cultura general" pudo haber sido un divertimento válido hace unas cuantas décadas o siglos, cuando llamaba la atención la acumulación de datos. Pero hoy en día ya está, dejémonos de joder.
Hablando de esto no puedo evitar citar "Fahrenheit 451" (Ray Bradbury), aunque la propia cita me destroce con su capacidad de escritura y por el hecho de haber sido escrita unos 60 años antes que esta nota de blog.
"Dale a la gente concursos que puedan ganar recordando la letra de las canciones más populares, o los nombres de las capitales de Estado, o cuánto maíz produjo lowa el año pasado. Atibórralos de datos no combustibles, lánzales encima tantos «hechos» que se sientan abrumados, pero totalmente al día en cuanto a información. Entonces, tendrán la sensación de que piensan, tendrán la impresión de que se mueven sin moverse. Y serán felices, porque los hechos de esta naturaleza no cambian. No les des ninguna materia delicada como Filosofía o Sociología para que empiecen a atar cabos. Por ese camino se encuentra la melancolía."
Y sigue y sigue (me dolió cortarla, pero bueno, estás leyendo esto en un blog, andá a Google y leete el libro entero si querés).
El tema con esto es la careteada de gente que se cree culta (y más bien que cree que "culto" es una virtud indiscutible) y se arroga el derecho de decir quién es o no culto e inteligente. Yo no me arrogo el derecho de nada, pero en mi humilde opinión, diría que hoy en día, ya que conseguir pelotitas de colores es tan fácil, la virtud es más bien saber hacer malabares. Podés aprender sole, podés juntarte con otres que no sepan y aprender entre todes, podés ir a que alguien te enseñe, pero mientras tengas las pelotitas en la mano y estés feliz tan solo con eso, bueno, no sé qué decirte. Quizás entonces seas una pelotita en manos de une gran malabarista.
Como si el esquema no se cayera solo, en los albores del siglo XXI (e incluso ya pasó más de un 10% del mismo) resulta aún más boba esta consideración. ¿Qué sentido tiene saber dónde queda Zanzíbar o en dónde nació Freddie Mercury si estos datos pueden ser conseguidos en segundos desde cualquier terminal con internet? (recuerden que hablamos de clase media). Pues bien, está claro que la llamada "cultura general" pudo haber sido un divertimento válido hace unas cuantas décadas o siglos, cuando llamaba la atención la acumulación de datos. Pero hoy en día ya está, dejémonos de joder.
Hablando de esto no puedo evitar citar "Fahrenheit 451" (Ray Bradbury), aunque la propia cita me destroce con su capacidad de escritura y por el hecho de haber sido escrita unos 60 años antes que esta nota de blog.
"Dale a la gente concursos que puedan ganar recordando la letra de las canciones más populares, o los nombres de las capitales de Estado, o cuánto maíz produjo lowa el año pasado. Atibórralos de datos no combustibles, lánzales encima tantos «hechos» que se sientan abrumados, pero totalmente al día en cuanto a información. Entonces, tendrán la sensación de que piensan, tendrán la impresión de que se mueven sin moverse. Y serán felices, porque los hechos de esta naturaleza no cambian. No les des ninguna materia delicada como Filosofía o Sociología para que empiecen a atar cabos. Por ese camino se encuentra la melancolía."
Y sigue y sigue (me dolió cortarla, pero bueno, estás leyendo esto en un blog, andá a Google y leete el libro entero si querés).
El tema con esto es la careteada de gente que se cree culta (y más bien que cree que "culto" es una virtud indiscutible) y se arroga el derecho de decir quién es o no culto e inteligente. Yo no me arrogo el derecho de nada, pero en mi humilde opinión, diría que hoy en día, ya que conseguir pelotitas de colores es tan fácil, la virtud es más bien saber hacer malabares. Podés aprender sole, podés juntarte con otres que no sepan y aprender entre todes, podés ir a que alguien te enseñe, pero mientras tengas las pelotitas en la mano y estés feliz tan solo con eso, bueno, no sé qué decirte. Quizás entonces seas una pelotita en manos de une gran malabarista.
La vida a punto de
Incontables son las veces que uno está a punto de hacer algo y no lo hace. O más bien, digamos, que uno siente que está a punto de hacerlo, que uno siente que quiere, pero no, algo pasa, afuera o adentro, que hace que no se produzca. A veces se trata de cosas pequeñas y sin mucha importancia, pero otras veces se trata de cosas que pueden cambiar tu vida fuertemente. A veces lo sabemos, a veces no.
Cuando pienso en este tipo de cosas me digo "Qué cagón que sos, siempre 'a punto de' y al final nada". Pero también la parte de mí que me valora un poco más me responde "Bueno, tampoco nada, has hecho muchas cosas en tu vida". Es cierto, hubo muchas cosas que estuve a punto de hacer y las hice, y uno tiende a olvidarlas cuando piensa en las cosas que estuvo a punto de hacer. Y uno tiende a considerar lo que faltó, lo que no se produjo, por qué no, qué hubiera pasado si, etcétera.
Frente a esto, dos reacciones se me ocurren, casi como extremos posibles. Por un lado, nuevamente, la criticona, y por otro lado, la contemplativa.
- Loco, ponete las pilas, no puede ser que te respetes tan poco, tus deseos son tus deseos, tus ganas son tus ganas, si querés hacerlo tenés que hacerlo, no te estés con vueltas, no dejes que las dudas te hagan desistir de algo que querés, no tapes lo que querés.
- Bueno, che, no seas así, que al final, uno no es puro deseo limpio, uno no es solamente un impulso, uno es justamente un cúmulo de impulsos en infinitas direcciones, contradictorias muchas veces, y al fin y al cabo si uno termina por no hacer algo, es porque en el fondo hay una parte de uno que funciona como un deseo contrapuesto a ese otro deseo que vos decís, y hace que el resultado sea un "no". Las cosas que realmente quise, las hice.
- ¿Las que realmente quisiste o solo las que te animaste? Quizás no es que en el fondo no las quieras, es que te da miedo.
- Crédito parcial. Pero, de todos modos, insisto en que la idea de una persona con miedos, con dudas, con incertidumbre, me parece mucho más sana que la idea de alguien que hace todo lo que le pinta así como así. Esa gente son los locos.
- ¿Qué querés ser cuerdo o feliz?
- Un poquito de esto, un poquito de aquello. Creo que se puede ser feliz sin ser un loco. Solo hay que animarse un poco más.
- Me estás dando la razón, entonces.
- Sí.
- Ves que sos un cagón, te apuro un poco y concedés ante las presiones de tu parte más osada.
- Es que para vos siempre seré un cagón, si te hago caso por hacerte caso, y sino por no hacerlo. Me parece que en el fondo sos un pelotudo.
- Bueno, viejo, me cansaste. Despertame cuando estés por hacer algo divertido.
- Inmaduro.
- Cagón.
- Puto.
- Paqui.
Cuando pienso en este tipo de cosas me digo "Qué cagón que sos, siempre 'a punto de' y al final nada". Pero también la parte de mí que me valora un poco más me responde "Bueno, tampoco nada, has hecho muchas cosas en tu vida". Es cierto, hubo muchas cosas que estuve a punto de hacer y las hice, y uno tiende a olvidarlas cuando piensa en las cosas que estuvo a punto de hacer. Y uno tiende a considerar lo que faltó, lo que no se produjo, por qué no, qué hubiera pasado si, etcétera.
Frente a esto, dos reacciones se me ocurren, casi como extremos posibles. Por un lado, nuevamente, la criticona, y por otro lado, la contemplativa.
- Loco, ponete las pilas, no puede ser que te respetes tan poco, tus deseos son tus deseos, tus ganas son tus ganas, si querés hacerlo tenés que hacerlo, no te estés con vueltas, no dejes que las dudas te hagan desistir de algo que querés, no tapes lo que querés.
- Bueno, che, no seas así, que al final, uno no es puro deseo limpio, uno no es solamente un impulso, uno es justamente un cúmulo de impulsos en infinitas direcciones, contradictorias muchas veces, y al fin y al cabo si uno termina por no hacer algo, es porque en el fondo hay una parte de uno que funciona como un deseo contrapuesto a ese otro deseo que vos decís, y hace que el resultado sea un "no". Las cosas que realmente quise, las hice.
- ¿Las que realmente quisiste o solo las que te animaste? Quizás no es que en el fondo no las quieras, es que te da miedo.
- Crédito parcial. Pero, de todos modos, insisto en que la idea de una persona con miedos, con dudas, con incertidumbre, me parece mucho más sana que la idea de alguien que hace todo lo que le pinta así como así. Esa gente son los locos.
- ¿Qué querés ser cuerdo o feliz?
- Un poquito de esto, un poquito de aquello. Creo que se puede ser feliz sin ser un loco. Solo hay que animarse un poco más.
- Me estás dando la razón, entonces.
- Sí.
- Ves que sos un cagón, te apuro un poco y concedés ante las presiones de tu parte más osada.
- Es que para vos siempre seré un cagón, si te hago caso por hacerte caso, y sino por no hacerlo. Me parece que en el fondo sos un pelotudo.
- Bueno, viejo, me cansaste. Despertame cuando estés por hacer algo divertido.
- Inmaduro.
- Cagón.
- Puto.
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